28 septiembre, 2021

Creatividad y emprendimiento

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   Empezando un año intenso de preparación de oposiciones, elaborando ya temas, me reafirmo en lo que me apasiona mi profesión. En este momento estoy escribiendo sobre la creatividad, y aprovecho lo que investigué sobre neurobiología aplicada al aprendizaje musical para explicar los procesos creativos a nivel fisiológico, psicológico y, por supuesto, pedagógico.

   Me llama la atención cómo, después de al menos dos décadas denostando las artes en el sistema educativo, y reduciendo su peso lectivo cada vez más (sin mencionar la sangría que se hizo recientemente con la Filosofía), el valor de la creatividad renace como si fuera nuevo, al servicio de eso que la LOCME llama "espíritu emprendedor". Porque, por supuesto, la creatividad no es algo que se circunscriba al ámbito artístico. 

   Creativa es la investigadora que propone una vía nueva para alcanzar objetivos científicos o tecnológicos que aún sólo se han podido imaginar. Creativo es el pedagogo que elabora nuevos modos de comunicar conocimientos y facilitar procesos de aprendizaje desde la experiencia. Creativa es la entrenadora que propone métodos de desarrollo físico conectando con conocimientos que aparentemente nada tenían que ver con el deporte. Ahora de pronto nos fascina la creatividad, desde el punto de vista del desarrollo empresarial (así lo dice la ley educativa, el objetivo es el desarrollo empresarial).

   Da la casualidad de que es el arte el que puede enseñarnos cómo ser creativos. La creatividad es una cualidad intrínsecamente humana, nadie se libra. La cuestión es si se fomenta o se coarta. Va ligada a una experimentación vivencial de lo que rodea al niño, y éste crea a partir de lo que tiene, para así descubrir la realidad, comprenderla y relacionarse con ella. Cuando a la niña le dicen "colorea este tucán, con estos colores, sin salirte de las líneas" ella aprende a reproducir y desarrollar su técnica, sus habilidades motrices, su sentido del esfuerzo... Pero quizás ese día había quedado fascinada de camino al colegio con un escarabajo, o con el color de unas nubes, o sus formas, y lo que ella quería era probar esas formas y esos colores, y comprender su fascinación.

   Desde el punto de vista neurobiológico es maravilloso cómo el aprendizaje musical establece conexiones neuronales entre áreas que normalmente no funcionan a la vez ni mucho menos implicadas en la misma tarea. No he encontrado ninguna actividad que requiera tanta implicación cerebral como aprender a tocar un instrumento. Esto hace que las conexiones neuronales que se establecen al tocar, faciliten nuevas conexiones, cada vez más y más. La estructura cerebral que une ambos hemisferios (llamada "cuerpo calloso") se engrosa, y alberga más y más comunicación entre diferentes áreas cerebrales. Esto es la creatividad, señores con corbata que elaboran las leyes educativas. Esta capacidad para relacionar ideas que aparentemente no tienen ninguna relación, eso que nos permite encontrar soluciones nuevas a los problemas de siempre, esto que tienen los chavales que en los últimos años proponen nuevas formas de limpiar el océano o construir casas más sostenibles ecológicamente.

   Esta creatividad va ligada a una actitud, a un espíritu crítico, a un inconformismo, y a un impulso de buscar una realidad mejor. Dado que el proceso creativo establece conexiones entre áreas cerebrales diferentes, es evidente que intervienen tanto razón como emoción, y eso es algo que este "espíritu emprendedor empresarial" de la ley educativa no contempla suficiente. Cuando el objetivo es económico, la necesidad personal y emocional se relegan a un segundo plano. Y no, lo siento, no enseñaré a mis alumnas a ganar dinero y vender su producto musical. Acompañaré a mis alumnas en un descubrimiento personal que les lleve a empatizar con el entorno, y a dar respuesta al análisis de la realidad, desde sus dones y habilidades. Las ayudaré a emocionarse y a saber comunicarse con el sonido. Y desde esa capacidad, seguramente conecten con el público y por tanto tengan éxito laboral (ojalá). Pero no dejaré de poner en el centro las necesidades personales, individuales y colectivas, que dan lugar a la expresión artística. 

   Ya hay mucha industria de música comercial que mueve millones, así que hay elecciones para todos los gustos. Y si eso es lo que vende, es el mercado, amigos, seguiré estudiando para mis oposiciones y que haya suerte.






24 febrero, 2021

Lastre

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   Una vez más recuerdo el blog que tenía de adolescente. Tal vez mi memoria está distorsionada, pero recuerdo una libertad casi total para escribir lo que sintiera tal y como venía.

   Ahora, tal vez por el aprendizaje que hacemos para "saber estar", mido las palabras, pienso qué mostrar y qué guardarme, "esto está fuera de lugar, mejor no lo pongo". Quizás echo de menos ser una adolescente para que mi mundo interior sea inmenso y tener espacio para mirarme y construirme.

   Sin embargo es inevitable, en un punto tomas perspectiva, observas lo que te rodea, te has autodefinido suficiente y se empieza a hacer necesario luchar por realidades más allá de una misma. Ahí llegó la conciencia social y política, y las convicciones con las que remar en una dirección. Y hacer de mi vida futura algo bonito para mí, y al menos un poquito útil para otros.

   Pero a veces quiero ser adolescente, mirarme el ombligo y dedicar un rato a escribir sobre lo que siento sin tener que ser objetiva, equilibrada, coherente, racional... Enfadarme, hartarme, pelearme con algo que no puedo cambiar. 



   Me duele aún el breve paso que alguien tuvo por mi vida hace un tiempo. Nunca hasta ese momento había conocido a alguien tan inteligente, egoísta y manipulador. Cuando lo conocí no me gustó nada, me chirrió aquella breve conversación y a pesar de la gran fama idealizada que dan los escenarios, supe que era una persona que se centraba en la imagen que quería dar, muy diferente a lo que había detrás de esa imagen.

   Tiempo después nos volvimos a encontrar, me permití conocer un poco más, por si pudiera estar equivocada con mi primera impresión. Tenía esa actitud de guiar los actos y palabras según sus propios objetivos. Cuando quería hablar, hablábamos. Cuando no quería, no lo hacíamos. Cuando quería bromear, bromeábamos. Cuando quería reflexionar, también lo hacíamos. Yo me quedaba observando porque tenía una ligera curiosidad. Le dejaba guiar y marcar los tiempos, en parte porque quería "estudiarle", y en parte porque nunca se me ha dado bien lo contrario. Con el tiempo fui encontrando otra persona más allá de mis primeras impresiones. Con mucho por descubrir.

   No me apetece repasar lo que sucedió entre medias, pero a posteriori vi que, esta persona quería de mí algo muy determinado, muy concreto, y lo quería ya. Quería una vida que ya tenía diseñada, con los tiempos marcados y las metas establecidas. Quería mi útero, quería mi compañía, quería mi buena cara delante de la gente, quería mi pose junto a la suya en su muro de facebook, quería mi asentimiento y mi admiración. Tuvo gran parte de todo aquello, pero cuando vio que yo no seguía el calendario establecido, decidió que no le servía. Luego supe que era su modus operandi habitual. Esta vez, sin embargo, me había cambiado por otra candidata, con la que continuar por donde yo lo había dejado. En unas semanas estaban en ese viaje que teníamos planeado. En unos meses eran padres.

   Han pasado años, y aún duele cuando alguien lo menciona, con esa admiración idealizada propia del escenario y las redes sociales. Disimulo y continúo la conversación intentando que los pensamientos no me absorban, haciendo un esfuerzo por mantenerme en el momento. Pero estoy muy cansada de este lastre que no sé cómo soltar. Me enfada seguir atada a algo que querría olvidar, liberarme.

   Aprendí mucho de aquello, me quedo con lo bueno que me trajo después. Pero, ¿cómo desprenderme del dolor?



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16 enero, 2021

Metodología de investigación artística

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   Como siempre me acaba pasando, me he cargado de demasiadas tareas, demasiados compromisos, y me he encontrado desbordada. Probablemente ésa fue la razón por la que abandoné el blog hace tiempo, pero encontrarme sin escribir en semanas me ayuda a hacer palpable esta tendencia mía a sobrecargarme, y me sirve de ancla para recordar que debo ponerme límites. 

   Hablaba esta semana con una amiga con la que no hablo casi nunca, luego nos llamamos y estamos dos horas hablando, y esto hace que la siguiente vez nos de mucho reparo llamarnos porque no tenemos tiempo para hablar dos horas. Veo que esto mismo me empieza a pasar con mi recientísimo blog. 

   

   La razón por la cual he empezado a escribir hoy, sin embargo, es la reflexión que me ocupa estas últimas dos semanas.

   Desde el ámbito académico musical, la investigación puramente artística no ha sido nada frecuente tradicionalmente. Incluso el concepto de investigación artística como tal es relativamente reciente. Estudiando metodologías de investigación (que está resultando muchísimo más apasionante de lo que suena) se puede ver claramente un patrón histórico:

1. Investigación en ciencias naturales: el objetivo es generalizar los resultados, como cuando inventan una vacuna que le sirva a la mayor proporción de población posible, en todo el mundo. El paradigma es cuantitativo, se cuantifica todo, cada variable se codifica numéricamente. El modo de pensamiento es positivista, y lo que se busca es la objetividad.

2. Investigación en ciencias sociales: posteriormente se dan cuenta de que el paradigma cuantitativo no responde a las preguntas propias de las ciencias sociales, así que surge el paradigma cualitativo, cuya información no puede codificarse en números, sino que se traduce a narraciones. Estas narraciones son plenamente subjetivas, se busca comprender al otro, desde su relato. Y a través de unos y otros relatos, se crean construcciones comunes, mundos retóricos que compartimos.

3. Investigación artística: es tan reciente como concepto que aún no tiene definido un paradigma propio. Se utilizan métodos de obtención de datos cuantitativos y cualitativos, pero el centro de interés es radicalmente diferente. En este tipo de investigación el conocimiento se alcanza a través de la creación artística en sí, y la importancia está en el proceso compositivo. 

   De la misma forma que los paradigmas cuantitativo y cualitativo nacen en un contexto de estudio determinado, y responden a las necesidades de ese ámbito, me pregunto qué paradigma está naciendo, despacito, lentamente, a través de cada investigación artística que se está realizando en los últimos años. Hoy escuchaba a un ponente experto internacional en el tema, que nos decía que debemos inventarnos nuestra propia metodología según el objeto de estudio. Y al escucharlo me invadía una emoción ilusionante, al pensar que cada persona que publica una investigación artística, inventándose su metodología (y teniendo en cuenta que por necesidades de las exigencias académicas picoteamos de las metodologías existentes), está inconscientemente contribuyendo a construir un nuevo paradigma que es mucho más que un procedimiento de investigación, es una reflexión sobre la esencia misma del arte. 

   Cada metodología responde a lo que es ese campo. La esencia, la definición interna de ese campo es lo que provoca que se desarrolle determinada metodología. Pues bien, qué tiene de definitorio el arte, qué esencia tiene que lo diferencia de otros ámbitos, y qué conlleva todo ello.

   Me parece una reflexión preciosa, no sólo porque el arte es mi modo de ver la realidad (llevo el cuádruple de años de mi vida dedicándome al arte que no haciéndolo), sino porque según yo lo vivo, el arte es un modo de comunicación profunda entre personas que comparten una esencia existencial. Mediante el arte desentrañamos lo común de nuestras experiencias, y mediante el arte accedemos a un plano de realidad intangible que contiene nuestra existencia no material. 

   Comprender esta esencia, y traducirla a unos métodos de obtención y validación de datos, lejos de "cargarse la magia", me parecen una forma preciosa de que la humanidad avance en la comprensión de sí misma. Además, aceptar estos nuevos métodos, que más allá de la subjetividad irán a moverse en lo intangible, como métodos válidos de creación de conocimiento, aportará una nueva dimensión a nuestra forma de ver el día a día. 

   Ahora mismo, en esta lógica capitalista, casi todo lo importante es lo cuantificable. Por suerte se va aceptando que hay cosas subjetivas que son más importantes... Pero yo aspiro a que contemplemos lo intangible primero como algo a tener en cuenta, luego como algo realmente importante, y finalmente como lo que nos hace vivir con sentido. Es un proceso de décadas que ya comenzó mucho antes de que yo lo pensara, y deberá continuar mucho después, pero vivir en ese camino y participar poniendo una pequeñita baldosa es emocionante. 



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13 diciembre, 2020

Otra cifra más

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   Hoy ha muerto un compañero, por covid.

   Con las fechas en las que estamos y el tiempo que llevamos con esta pandemia, parece que se va normalizando. Si te descuidas empiezas a asumir las cifras como números dentro de tendencias. Ahora mismo casi todos estamos pensando en Navidad, en si podremos ver a nuestros familiares, en si será seguro o responsable juntarnos. 

   Por primera vez me quedo en mi ciudad en estas fechas, en vez de viajar a ver a mi familia y amigos. Estoy haciendo adornos, (caseros, sin plástico, duraderos y personalizados). Estoy pensando regalos para unas cuantas personas, aunque tenga que enviarlos por correo. Hasta he comprado un montón de ingredientes para hacer cosméticos que no uso, para regalarlos. Supongo que todos tenemos la necesidad de celebrar algo, de no perder nuestra dosis anual de dedicarnos un par de comidas y de cenas para compartir la mesa y contarnos qué tal nos ha ido este año. 

   Es inevitable ir adaptándonos a cada situación, es lo que hace que el ser humano perviva. Mueren personas todos los días por un virus que hace un año no existía, personas que sin este virus hoy estarían vivas. Se asume, hemos tenido diez meses para ello. Y lo que aún queda.

   Aún así, se me sigue haciendo muy difícil asimilar que esa sonrisa afable, esa actitud cálida y discreta, ese venir a saludar siempre pero en pocas palabras para no molestar... que todo lo que recuerdo, ya no esté, ya no exista; esos ojos están cerrados.

   Esto vuelve a dar nombre, historia, pérdida y duelo a cada una de las cifras de números dentro de tendencias. Hablamos de cómo van las muertes, ingresos y altas para ver si podremos viajar esta Navidad, normalizándolas. Pero ni una sola de esas cifras debería estar ahí. 

   Opino profundamente que la realidad al completo no se puede juzgar desde la limitada perspectiva de una persona. Confío en aquello que dicen muchos científicos de que el tiempo en realidad no existe, es una percepción subjetiva, y por lo tanto nacimiento y muerte son una ilusión, existimos en un plano de realidad más permanente. Creo que la muerte es parte de la realidad de existir, y hay mucho más que nos une a todos, que lo meramente material; y creo que las historias de cada persona se entremezclan y enriquecen, pero sería egoísta desear, valorar o juzgar la existencia de otros, incluyendo su fin.

   Intento tomar perspectiva para aceptar la realidad tal cual es y confiar en que las cosas que suceden forman parte de un orden inabarcable que no merece la pena lamentar. Pero hoy no puedo evitarlo, hoy siento que ni una de esas cifras debería estar ahí, ni una sola.



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12 noviembre, 2020

Arte y trascendencia

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   Leyendo "3er Cahier de investigación artística", de Jorge Salgado y Gilvano Dalagna (del cual estoy elaborando una recensión), me emociona la claridad con la que se comprende el arte desde la realidad trascendente. Me identifico, y leer esta experiencia en palabras de otras personas me enriquece y me hace sentir conectada a esa realidad profunda e inmaterial.

 Sin embargo, surgen interrogantes...

 Comparto la reflexión que he redactado para la recensión, sobre las preguntas nuevas que genera la lectura:



 Al leer textos que hablan del arte en estos términos de trascendencia, siento siempre una afinidad muy profunda, que me hace conectar con esa experiencia. También al conversar con personas que viven el arte de este mismo modo, se puede hablar en términos de “verdad profunda”, y sin ser posible describir esta experiencia con las palabras, la empatía compensa esa limitación porque ambas personas lo han vivido y sentido de modo similar. Sin embargo, también es muy frecuente (más, diría yo) conocer personas tanto cercanas al arte como creadoras artísticas, que experimentan su labor de una forma mucho más intelectual y racional, y relacionan toda experiencia emocional con valores materiales de la obra. Hay muchas personas que no sólo no reconocen la trascendencia en el arte y en la vida, sino que además experimentan profunda y honestamente la ausencia de este plano trascendente, explicando toda experiencia artística en parámetros racionales y emocionales. En su estructura existencial no hay cabida para la realidad trascendente, ni la necesitan ni hay espacio para ella.

 Siendo realistas, considero que, por mucho que uno esté convencido de lo que vive, siente y experimenta, sería cínico considerarse dueño de una verdad general. Por lo tanto, ¿cómo conciliar una verdad profunda, intensa e innegable a nivel personal, y compartida por un número muy significativo de gente muy diversa, con otra verdad contraria, compartida por otro número muy significativo de gente también muy diversa? Si ambas verdades son válidas, ¿cuánta perspectiva aún nos hace falta en nuestra limitada concepción de la realidad, para abarcar una verdad común que contenga los dos (o más) tipos de experiencia respecto al arte y la vida en general?


   3er Cahier de investigación artística. Un modelo de investigación artística.
   Autores: Jorge Salgado y Gilvano Dalagna
   Enlace del artículo: https://ria.ua.pt/bitstream/10773/28268/1/ESP_3er_Cahier_Un-modelo-de-investigacion-artistica.pdf


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10 noviembre, 2020

Animal de costumbres

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   Mi gato es el animal más de costumbres que he conocido nunca. Hace unos meses empecé a entrenarlo para utilizar el wc. Para ayudarlo con refuerzo positivo, le empecé a dar premio cuando lo usaba, y entonces se acostumbró a usarlo para pedir comida, así que cuando tiene hambre, hace pis. 

   Después empezó a usarlo sólo cuando yo estaba delante, para no quedarse sin su premio. Dejé de darle premio porque ya había aprendido, pero aún así, como ya ha hecho la asociación en su cerebro, cada vez que voy al servicio (especialmente por las noches a lavarme los dientes, que es la rutina mejor identificada) viene corriendo a hacer pis para que no me olvide de darle la cena. 

   Tanto es así que a veces voy al servicio porque quiero usarlo yo, viene corriendo, se me adelanta y me quita el sitio, el cabrón, jejejeje. 

   Y por eso le quiero.



05 noviembre, 2020

Reflexión de los últimos años

 Aún preguntándome si esto del blogger tendrá sentido al final...

Tras estos años sin bloguear, mi único contacto en la antigua plataforma me pide que le cuente más de cómo me va. Puedo decir que muy bien en una respuesta escueta o tomarlo de excusa para escribir otro post, así que aquí el tochazo que al menos una persona creo que leerá, jejeje. Perdona, Flavio.


Los años que estuve estudiando la carrera fueron complicados a nivel personal. Principalmente por problemas que llevaba arrastrando desde la adolescencia, personales y físicos... aquella horrible tendinitis de 10 años que me impidió tantas cosas, me dificultó otras tantas y no dejó un sólo huequito en mi vida que no estuviera impregnado por ella. No podía cocinar ni sostener la ducha, no podía escribir, y por supuesto no podía tocar, y siendo músico es un putadón que te obliga a parar por la fuerza y replantearte de arriba a abajo tu vida entera. En perspectiva, aquella tendinitis me hizo ser quien soy ahora, me obligó a analizarme, comprenderme, y revisar los principios y convicciones con los que había crecido. En su momento me preguntaba por qué me pasaba a mí, si tanta gente vivía con más estrés y dificultades, por qué yo no podía aguantar lo mismo sin que mi cuerpo dijera “basta”. Ahora agradezco que fuera así, y no me conformara con vivir a medias. El proceso de transformación duró casi dos años, y la mejor manera de describirlo es pasar de vivir en blanco y negro (lo que siempre había conocido, y estaba muy bien) a vivir en color. Empecé a llorar más, de tristeza y de alegría, a sentirme fuerte y capaz. Y el proceso nunca acaba, por supuesto, pero se vive de otra forma.

Derivado de aquellos dos años que dejé de tocar, tuve problemas administrativos con la carrera, me pilló el cambio de plan de estudios y perdí un año, cuando sólo me quedaba entregar el proyecto fin de carrera y hacer el examen final, me expulsaron por una ley administrativa mal aplicada... Un putadón en el momento, también! Pero gracias a ello acabé la carrera en otro centro, en el que no me habían etiquetado como mediocre, como el el primero (consecuencias de la tendinitis), y donde me sentí valorada, capaz... Y pude llevar a cabo la investigación que yo quería, de forma creativa (cosa que en el primer centro era difícil, más chapados a la antigua). Fue un año un poco bruto, hacía 1000Km a la semana para asistir a las clases y volver a casa, vivía media semana en cada ciudad. Pero terminó y lo celebré, y me eché a llorar de alegría de tantos años sorteando dificultades que dieron lugar a un triunfo.

Allí estudié también el máster, con esa misma sensación de ser valorada y respetada, y continué la investigación. Tanto en la primera como en ésta me calificaron con 10, ¡en la vida había yo visto eso! Así que me hizo disfrutar mucho de la investigación, y unos añitos después estoy aventurándome a empezar la tesis doctoral. Continúo investigando la creación sonora desde parámetros pictóricos, teniendo en cuenta las cuestiones de percepción y cognición, y dando siempre una concreción creativa, compositiva. Me ilusiona, así que espero que las frustraciones y puntos muertos propios de las tesis se queden pequeñitas al lado de lo que espero disfrutar... Y ya veremos si se plantean oportunidades laborales, nunca me había planteado trabajar en una universidad (ya que los estudios musicales no son universitarios aquí), pero igual hay posibilidades que aún no conozco. A su tiempo se verá.

Estos años, además, y por casualidades también derivadas del trajín académico provocado por la tendinitis, han contado conmigo como refuerzo en la orquesta de mi ciudad. Nunca me había imaginado que pudiera tocar en una orquesta profesional (las oposiciones son imposibles), y cuando quise darme cuenta, estaba con ellos, yendo a los ensayos y diciendo “hasta mañana”. Musicalmente son muy buenos y personalmente muy acogedores (nada habitual en las orquestas, por lo que sé). Así que también me ayudó a sentirme más segura y capaz a nivel profesional.

Desde el punto de vista personal y afectivo... ahora escribiendo me doy cuenta de que me pasó algo parecido a con la tendinitis en el plano vital (individual) pero unos años después. Desastre tras desastre, dándome cuenta de que elegía perfiles muy determinados (de tendencia adictiva, dependiente, chantajista e incluso maltratadora...) llegué a un punto de catarsis tras el cual, y gracias a la compañía adecuada, entendí muchas cosas que en mí no estaban bien, en mi concepción de las relaciones y de la afectividad. Me costó mucho dolor llegar a ese punto, pero ahora lo puedo ver en perspectiva y eso es, en sí, una alegría.

Llevo diez años viviendo en esta ciudad, desde que llegué he estado en una situación muy precaria e insegura, muy cambiante. Hace poco conseguí algo de trabajo más estable (aunque aún trabajo de paso, por las malas condiciones laborales) y las perspectivas de mejorar se acercan. Me siento como en un cambio de etapa, que no sé cómo se concretará, pero que creo que significará una mejoría sustancial y duradera. Tengo ganas de asentarme, dejar de preocuparme por qué trabajo conseguir, lograr algo estable y seguir desarrollándome.

Me siento muy agradecida a la compañía de viaje, especialmente esta cuarentena, y me siento afortunada.

Hala, fin del tochazo.